Vida y Salud

Cinco alimentos que consideramos saludables pero que no lo son

Porque sus calorías son reducidas, porque son de origen vegetal o porque su componente principal no es la harina, existen una serie de alimentos que, a fuerza de marketing, se han ganado la fama de «saludables», cuando distan mucho de merecer ese título. Ocurre lo contrario con otros productos, como el huevo, cuyo consumo fue restringido durante mucho tiempo por relacionarse con el riesgo cardiovascular, algo desmentido por sucesivas investigaciones científicas que validaron los numerosos beneficios nutricionales de este alimento, y su nula incidencia sobre el colesterol.

Por ello, es probable que muchos tengamos algunos alimentos en la despensa que consumimos creyendo beneficiosos, y que en realidad se encuentran en la vereda opuesta de una correcta nutrición. Estos son algunos de ellos:

Productos Light

Quesos, lácteos, manteca, pan de molde, embutidos. Curiosamente, mucha gente recurre a los alimentos light o 0% grasas con el objetivo de cuidarse, cuando en realidad está haciendo todo lo contrario. “El término light significa que el alimento tiene un 30% menos de grasa o de energía, pero en ningún caso quiere decir que nos encontremos ante un alimento saludable”, explica la nutricionista Elena de la Fuente Hidalgo, quien alerta de que “cuando se reducen las grasas se suelen añadir azúcares, y cuando se retiran los azúcares se añaden edulcorantes, que no son nada interesantes desde un punto de vista nutricional”.

De la Fuente advierte que es conveniente reducir el consumo de edulcorantes por varios motivos. “En primer lugar, porque el paladar se acostumbra al constante sabor dulce y por tanto nos pide más, también porque no aportan absolutamente nada y, por último, porque se ha constatado que su consumo puede resultar perjudicial para la microbiota intestinal, fundamental para el correcto funcionamiento de nuestro aparato digestivo”.

Barras de cereal

Conviene leer siempre el etiquetado, pero buena parte de estas barritas contienen edulcorantes, aditivos, harinas refinadas, sal o azúcares, y tienen un escaso valor nutricional. Es preferible sustituirlas por otros snacks saludables “como frutos secos, dátiles, pan integral, piezas de vegetales o fruta”, explica De la Fuente.

En este grupo encontramos también las populares tortitas de arroz o maíz, que solemos consumir creyendo que son sanas y bajas en calorías y no acaban siendo ninguna de las dos cosas. “Se elaboran con cereales refinados, de manera que al eliminarse la fibra el azúcar se absorbe mucho más rápido. Esto significa, además, que son poco saciantes, de manera que volveremos a tener hambre enseguida y acabaremos consumiendo muchas calorías”, dice la experta.

Bebidas vegetales

Un fenómeno sorprendente en los últimos tiempos ha sido el auge de las bebidas vegetales, desde avena a soja, arroz o el boom de las de frutos secos. “Es curioso que muchas personas a las que les sentaba bien la leche hayan eliminado su consumo creyendo erróneamente que es perjudicial para la salud. En su lugar, toman bebidas vegetales que suelen contener grandes cantidades de azúcar”, cuestiona la nutricionista española Paloma Quintana.

La especialista recuerda que la leche y sus derivados son alimentos muy completos nutricionalmente, buenas fuentes de calcio y proteínas, y que a no ser que se sufra una intolerancia pueden formar parte sin problemas de una dieta saludable y equilibrada. Hay quienes, por algún motivo, optan erróneamente por consumir leche sin lactosa creyéndola mejor para la salud.

“La leche sin lactosa que se comercializa no es más que una leche normal a la que se ha añadido una enzima que rompe la lactosa, para las personas que no pueden digerirla”, explica Quintana, algo que no necesitan todos aquellos que ya tienen esta enzima.

Miel y azúcares vegetales

Los productos que se suelen posicionar como alternativas saludables al azúcar no lo son en realidad, y se comportan exactamente igual que el azúcar refinado que pretendíamos evitar. “En este grupo encontramos el azúcar bio o el azúcar de coco: ninguno de ellos es saludable”, explica De la Fuente. Además, no aportan nada, “pues no tienen vitaminas, ni fibra, ni proteínas…”.

Incluso la miel, ese endulzante milenario con tan buena fama entre los seguidores de la comida natural, no está visto con muy buenos ojos por profesionales de la nutrición. Es que más allá de su sabor particular y de combinarse muy bien con el limón para aliviar síntomas gripales, no hay evidencia de que su consumo sea más saludable que el del azúcar común.

Si necesitamos endulzar algunos alimentos, De la Fuente recomienda optar por dátiles triturados, que además contienen, entre otros, polifenoles que contribuyen a prevenir el envejecimiento celular.

Jugos y bebidas envasadas

Los refrescos de todo tipo, también los light, no son recomendables en ningún caso, no solo porque suelen contener azúcares, edulcorantes y aditivos, sino porque desplazan el consumo de agua, que debería ser el líquido de referencia en la dieta. En este grupo debemos incluir también los jugos, no solo los industriales que suelen llevar gran cantidad de edulcorantes aunque se vendan como 100% naturales, sino también a los naturales. “Al licuar la fruta se pierde la fibra, de manera que la fructosa que contiene la fruta de forma natural se convierte en azúcar de absorción rápida”, explica la coach nutricional Susana León.

La experta recuerda que la OMS recomienda el consumo de frutas como medida para prevenir la obesidad pero limita el de zumos, ya que sus azúcares, pese a estar presentes de forma natural, se comportan como azúcares libres. León propone comer siempre la fruta entera y de temporada, sin obsesionarnos sobre las pautas de consumo.

“Hay que desterrar todos los mitos relacionados con el consumo de fruta, desde que no se pueden mezclar hasta que no se pueden comer como postre, o en ayunas o por la noche”, refiere León. De la Fuente coincide, y recomienda tomar un mínimo de tres piezas diarias.

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