A UN AÑO DE LA DESAPARICIÓN DE ASTUDILLO CASTRO, NO LOGRAN DETERMINAR SI FUE ASESINATO O ACCIDENTE

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La causa duerme con un sinfín de medidas de prueba que están trabadas por la justicia. La disputa entre los fiscales y la jueza mantiene la investigación casi paralizada.

Sin certezas sobre si fue un crimen o un accidente, pero con sospechas sobre efectivos de la policía bonaerense, la causa por la muerte de Facundo Astudillo Castro está empantanada en medidas de prueba que traba la jueza que mantiene una dura interna con los fiscales del caso. Mientras, los testigos denuncian amenazas.

Facundo Astudillo Castro salió de Pedro Luro el 29 de abril para ser hallado sin vida el 15 de agosto pasado. En el medio, quedó un tendal de sospechas que apuntan a un grupo de policías bonaerenses de la zona, y una investigación que, tras doce meses, no logró establecer si fue un accidente o un asesinato.

En el puesto policial a las 10.00 de la mañana, fue interceptado por los oficiales Mario Gabriel Sosa y Jana Curuhinca a la altura del kilómetro 779, en la localidad de Mayor Buratovich. Allí, le sacaron una foto de espaldas, que luego apareció en uno de los teléfonos de los policías, y lo dejaron seguir camino sin haber dado intervención a la jueza federal en turno tal cual reprochan desde la fiscalía como elemento de sospecha a los efectivos.

Otro dato sospechoso
En ese control policial, Facundo mostró su documento de identidad personal pero cuando lo encontraron sin vida el 15 de agosto junto con pertenencias suyas, el DNI no estaba y fue utilizado luego de su muerte para activar líneas de teléfono.

Del teléfono de Sosa, se extrajo un audio que recibió del oficial de Mayor Buratovich Andrés Daniel Gerbatin. En ese audio, le pedía “los datos completos y la foto” de Facundo y le pidió: “si se hace el pajero, bájenlo”, en concreto, que fuera trasladado a la comisaría. Ese es otro punto que no está claro, si fue o no trasladado a la dependencia policial.

Desde Buratovich, Facundo habría seguido viaje a Teniente Origone. En su declaración, la policía Siomara Flores, que es hermana de Curuhinca y pareja de Sosa, dijo que trasladó a Facundo durante los 25 kilómetros que separan a las dos localidades.

Pero también hay sospecha sobre su versión, porque Flores dice que llegó a Teniente Origone a las 13.00 cuando está probado que Cristina Castro, mamá del joven, recibió una llamada de él donde le dijo que no lo iba a ver nunca más. Ese llamado impactó en una antena de Buratovich y no donde la policía dijo que estaba junto con el joven.

No obstante, sí está probado que Facundo pasó por Origone y fue visto por la tarde del 30 por dos testigos en el kilómetro 755 de la Ruta Nacional N°3.

Previamente, en el kilómetro 750 fue interceptado por la policía, por el teniente primero Alberto González -según dijo- a 6 o 7 kilómetros de la entrada del pueblo y que lo identificó con su carnet de conducir porque no tenía Facundo encima el DNI. De esto, hay constancia porque le sacó una foto al documento.

Según dijo González, consultó con sus superiores y luego lo dejó seguir camino. Pero testigos lo contradicen, puesto que aseguran haber visto alrededor de esa hora en ese lugar subir al joven a un patrullero conducido por aquel policía.

Qué pasó con Facundo
La sospecha es que Facundo estuvo en el puesto de vigilancia de Origone, ya que sus datos figuran en el Libro de Guardia. Además, el geolocalizador del patrullero de González establece que luego de interceptar al joven, se dirigió a esa dependencia. En el vehículo policial, se encontró un pelo que presentaba identidad con el haplotipo mitocondrial de Cristina Castro, la mamá de Facundo.

También, en ese lugar se encontró un amuleto que siempre tenía consigo Facundo. Hace pocas semanas, se volvió a inspeccionar el lugar y se extrajeron elementos que están siendo estudiados por laboratorio.

También hay una testigo de identidad reservada conocida como H que dijo que luego de la intercepción de Sosa, ella llevó a Facundo en su camioneta por la Ruta 3 y hasta antes del cruce con otro puesto policial, a la altura del kilómetro 714, porque -según declaró- el joven le pidió bajarse y bordear el mismo para evitar el control. Para la querella, la versión de la testigo es dudosa y fue plantada para zafar a la policía.

Por ahora, están siendo investigados los cuatro policías: Sosa, Currinca, Flores y González pero hay una fuerte interna entre la jueza federal de Bahía Blanca Gabriela Marrón y los fiscales: el titular de la Unidad Fiscal de Ciberdelincuencia, Horacio Azzolin, y el fiscal a cargo de la Procuraduría de Violencia Institucional, Héctor Andrés Heim. A tal punto llega la disputa que ellos la recusaron y ahora la acusación se sumó la fiscal federal de Santa Rosa, Lara Silvestre.

La disputa es porque los fiscales sencillamente creen que la jueza se volcó fervientemente por la hipótesis de muerte accidental y ya descartó de plano un homicidio, a tal punto que no hizo lugar a un sinfín de medidas de prueba que ellos pidieron y que apuntan a los efectivos.

Entre las pruebas trabadas, están aquellas que implican el secuestro de los teléfonos que ellos utilizaron, ya que sólo entregaron algunos equipos que no fueron los que tenían en ese entonces, y el secuestro de dos patrulleros que habrían circulado por Origone al horario en que Facundo estaba en zona.

Mientras tanto, se aguarda el resultado de laboratorio de elementos secuestrados en el destacamento policial de Origone y de prendas que se encontraron junto al cuerpo de Facundo aquel 30 de abril en el lugar denominado “Cola de ballena”, un cangrejal situado en la zona de Villarino Viejo, contigua a la localidad de General Cerri.

Pasó un año desde que Facundo salió de su casa. En doce meses, la Justicia tiene una deuda pendiente para con su familia y la obligación de garantizar una investigación plena, algo que parece estar lejos de la realidad.