AMY WINEHOUSE: LOS DOS HOMBRES QUE TRUNCARON SUS SUEÑOS Y ACABARON CON SU VIDA

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Hija de un vendedor y una farmacéutica, Amy Jade Winehouse nació el 14 septiembre de 1983 en Southgate, Londres, en el seno de una familia humilde. Su padre le inculcó el amor por el jazz y ella siempre tuvo claro que quería convertirse en una buena intérprete de ese género musical. Y lo iba a lograr, porque había nacido bendecida por un don de esos que no les toca a todos: una voz prodigiosa, distinta, que la llevaría hasta donde quisiera.

A la luz de los hechos, queda claro que falló solo el 50% de sus predicciones. Fue una celebridad, tapa de todas las revistas, conquistó el mundo. Pero no pudo resistirlo. Siempre intentó huir de la fama, de las giras y de las responsabilidades que la asfixiaban, eran demasiado.

Nunca pudo hacerlo y encontró la oscuridad. Años de excesos que la consumieron y la hicieron descender a los infiernos. El 23 de julio de 2011 la encontraron muerta en su cama, en su casa de Londres, por una intoxicación etílica. Tenía apenas 27 años, pero no fue una sorpresa para nadie: el alcoholismo y la bulimia que padecía, sumado a un enfisema pulmonar derivado de fumar crack, ya estaban acabando con su vida desde mucho antes.

Amy Winehouse había nacido bendecida por un don de esos que no les toca a todos: una voz prodigiosa, distinta, que la llevó a la cima

Pero es injusto recordarla solo por sus excesos o por pertenecer al Club de los 27 -una expresión utilizada para referirse a músicos, artistas, y actores que fallecieron a esa edad-. Amy era mucho más que eso. Y su música aún estremece y emociona.