CÓMO FUERON LAS ÚLTIMAS HORAS DE GILDA ANTES DEL CHOQUE QUE TERMINÓ CON SU VIDA

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“Quisiera no decir adiós, pero debo marcharme, no llores por favor no llores, porque vas a matarme”. ¿Premonición, señal, destino o pura coincidencia? Desde hace 25 años, la letra de “No es mi despedida”, la última canción que Gilda escribió, se repasa una y otra vez en busca de una respuesta a su trágica y anticipada muerte, a los 35 años.

La madrugada del 7 de septiembre de 1996, Miriam Alejandra Bianchi perdía la vida tras un trágico accidente en el kilómetro 129 de la Ruta 12, en la provincia de Entre Ríos, cuando el micro que la trasladaba a la localidad de Chajarí para brindar un show impactó de frente contra un camión. Allí también murieron su madre, su hija, tres músicos de su banda y el chofer. Esa noche, en la soledad de la ruta, bajo la lluvia, la cantante se convertía en mito y bandera de muchas mujeres que estaban repletas de sueños y no se animaban a ir tras ellos.

La noticia fue tapa de todos los medios y su cara se multiplicó en remeras y pósters pero también en estampitas. Su figura, con ese halo de magia que impregnaba su tema final y las imágenes de su último disco que la mostraban como una especie de santa con un vestido violeta y una coronita de flores en su cabeza, mirando al cielo, la volvieron magnética. ¿Por qué Gilda, una maestra jardinera transformada en cantante que hasta ese entonces no era tan mediática, causó tanto revuelo tras su muerte?