CRISTINA KIRCHNER DEFINE EL TERRITORIO DE CAMPAÑA, HACE EJE EN LA VACUNACIÓN Y BUSCA DESCARGAR CULPAS POR LAS MUERTES

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Cristina Fernández de Kirchner administra sus gestos públicos -presenciales o por escrito- para que queden instalados como un hecho político mayor y, sobre todo, como una guía para el oficialismo. Su presencia central en un acto junto a Axel Kicillof, en La Plata, ratificó la decisión de jugar fuerte en el territorio que considera propio. Ya había dado muestras más reservadas pero efectivas, impulsando una reconsideración de las restricciones en materia educativa. Y en el punto de coincidencia con los planes nacionales -la apuesta al plan de vacunación como recurso de campaña- fue más allá que todos, sin reparos: expuso la letra para descargar culpas por la cifra de muertes. Fue a la vez el síntoma más claro de los temores que recorren al oficialismo.

La ex presidente hizo un llamado formal a la oposición para dejar de lado el coronavirus y las vacunas en la disputa política. Es decir, apuntó a neutralizar cuestionamientos por la administración de las restricciones y los problemas para comprar vacunas -muchos de factura propia antes que atribuibles exclusivamente al contexto mundial-, junto al impacto social y económico de esa combinación. Eso, junto a la campaña para dar por exitoso el plan de vacunación, en función del mejor ritmo de embarques y más allá del déficit y los interrogantes sobre segundas dosis.

Ese sería el prólogo de la línea impuesta por la ex presidente. Apenas disimula los temores del Gobierno en esta materia. Como todo se lee por los posibles efectos y ya en la mesa de arena electoral, el fantasma de las cien mil muertes y la escalada de los contagios por encima de los 4,5 millones de casos es visto como un horizonte que antes se proyectaba impensable. Suena increíble, sino frívolo, como si el problema estuviera restringido a las marcas récord y no al proceso y sus secuelas.

Existiría una responsabilidad del Estado nacional, y a escala de cada distrito, para generar confianza, en medio, por supuesto, de algunas incertidumbres que circulan en todo el mundo. Y tal vez pese sobre todo la falta de información adecuada, y no la publicidad ya proselitista vestida como publicidad oficial. A eso se sumaría cierta caída de tensión en los cuidados, fruto de la fatiga después de largas cuarentenas, confinamientos y otras restricciones, con el cortinado de fondo de las señales contraproducentes desde el poder, con reuniones, actos, comidas, a contramano de las “conductas” formalmente promovidas.