EL GOBIERNO SUMA CONTRADICCIONES, FUERZA DATOS Y BUSCA DISIMULAR INTERNAS POR LAS VACUNAS

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En buena medida, el Gobierno enfrenta un problema autogenerado. Por supuesto la oposición juega, a veces fuerte y con denuncias como la de Patricia Bullrich que algunos socios lamentan y que tiene destino judicial. También, buscando un lugar que ponga el foco sobre el Gobierno y desvista la calificación de obstruccionista que, con términos más ásperos, apunta a colocarle el oficialismo. Hubo ayer un ejemplo claro: un proyecto para allanar legalmente el camino a un trato con Pfizer para sumar dosis a la pelea contra el coronavirus.

Valen dos de las exposiciones adelantadas por Cafiero. Sostuvo que las razones por las que hasta ahora no pudo ser cerrado un acuerdo con Pfizer fueron sus exigencias sobre el referido punto de la negligencia y el reaseguro de garantías con la empresa. No aludió por supuesto a demandas insólitas de glaciares por vacunas. Pero tampoco a la exigencia de la firma presidencial en el contrato ni a los importes. Estos últimos renglones fueron expuestos o sugeridos por Ginés González García, que calificó como caro y nada conveniente el precio de Pfizer. Habló de 10 dólares la dosis. En rigor, no parece alejado del promedio del valor tomando el conjunto de los contratos firmados por el país: ronda los 7,6 dólares por unidad.

Es llamativo esa justificación con sólo considerar lo ocurrido con el conjunto de los contratos firmados por el Gobierno. Fue pagado el 55 por ciento del total de unos 380 millones de dólares. Y al viernes pasado, había sido recibido alrededor del 25 por ciento de la cifra de dosis comprometidas.

Visto con buenos ojos, lo ocurrido en el arranque de la negociación de contratos pudo haber sido fruto de un exceso de confianza del Presidente en el acuerdo por la producción de AstraZeneca, motor de la desconsideración o incluso destrato de otras opciones, entre ellas Pfizer y Covax.

Las demoras y el abismo de la falta de vacunas abrieron las puertas a la ofensiva para avanzar en negociaciones urgentes con Rusia. En este caso, quedó expuesta la estrategia de Cristina Fernández de Kirchner, con asistencia conceptual y práctica de Axel Kicillof. La relación con Vladimir Putin es quizá la expresión más clara de la parcelación de las relaciones y las principales sedes diplomáticas en función de la interna. El otro caso, contemporáneo de las pulseadas para lograr vacunas, es China.