TEVEZ SE FUE DE BOCA

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El experimentado futbolista decidió dar un paso al costado y ayer, en conferencia de prensa, se despidió de las filas del xeneise, anunciando que deja la institución porque ya no está al 120% de sus facultades físicas.

Se va con cosas sin decir, conflictos sin resolver, y algo de eso se notó en lo que no quiso responder sobre Juan Román Riquelme («Última pregunta», bromeó y se sonrió pícaramente), porque no era ese un tiempo para saldar cuentas pendientes. El abrazo con JR fue antes una despedida que una manifestación de cariño mutuo, pero al menos la circunstancia dio lugar a una pequeña y fugaz tregua para olvidar las diferencias entre ellos, que las hubo, las hay y las habrá

Las razones del adiós de Carlos Tevez son genuinas, como genuinas fueron sus lágrimas, su emoción, su tristeza y ese alivio que por momentos le devolvía la sonrisa a la cara. El desgaste, las diferencias con el Consejo de Riquelme, la certeza de que futbolísticamente el equipo no va a ningún lado, como la parte emocional que dominó sus últimos tiempos son los factores que lo llevaron a dar un paso al costado, doloroso y necesario.

Es sabido que hay un futuro de Carlos Tevez en la vida política de Boca, y aunque este factor no determinó la decisión de irse del club, fue clave en las formas de cómo comunicarlo, en el tono de sus declaraciones y en separar lo más posible cualquier anuncio sobre su futuro inmediato. Apenas quedó claro que el Apache saldría de Boca sonaron todas las alarmas en el angelicismo-macrismo que juega políticamente muy fuerte para conformar un frente electoral con Tevez como piedra angular de una fórmula que compita con la bandera de Riquelme que enarbola el oficialismo actual. En el sector había gran preocupación porque el ídolo saliera lastimado ante el humor de hinchas y socios ante el peligro de un efecto China II, que tanto le costó remontar al Apache luego de que prometiera, allá por 2016, amor eterno y retiro con la camiseta de Boca.