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Un 10 de abril de 1981, Maradona y Boca iniciaban su gran historia de amor

Fue un superclásico vivido con todos los condimentos ideales para la parcialidad xeneize: triunfo, goleada, lluvia, barro y actuaciones superlativas de Diego y Brindisi.
Por el año 1981, aunque hoy a la distancia no parezca un dato cierto, el automovilismo ocupaba un sitio preponderante dentro del deporte argentino. Tal es así, que aunque pocos recuerdan el dato, este inolvidable clásico disputado un 10 de Abril en La Bombonera se jugó un día viernes, desplazado o anticipado porque ese mismo domingo se correría en el Autódromo de Buenas Aires una carrera correspondiente a la prestigiosa Fórmula 1.
Día viernes y por la noche, nada hacía prever que aquél sería uno de los tantos clásicos del fútbol argentino que pasarían a la inmortalidad, sobretodo en este caso para los fanáticos xeneizes. La tremenda lluvia caída y el impresionante marco que generó la gente le dieron al partido más condimentos para generar lo que finalmente fue una verdadera fiesta.
Los equipos estaban repletos de figuras; Maradona, Brindisi, Perotti, Ruggeri y Mouzo entre otros por el lado de Boca. Fillol, Passarella, Tarantini, J. J. López y Merlo por el lado de River. Arturo Ithurralde sería el árbitro del encuentro.
En medio del barro, el primer tiempo fue como se esperaba; trabado, peleado, parejo y por demás violento. Como consecuencia de tanto juego brusco, Reinaldo Merlo y Osvaldo Escudero se irían expulsados en aquella primera mitad.
Cuentan algunos testigos, que en el entretiempo, Silvio Marzolini, entrenador del equipo vencedor, encaró de lleno delante de sus compañeros a Maradona y Brindisi y les exigió: “Ahora va a haber más espacios, jueguénsela en el mano a mano que el partido lo ganan ustedes dos”.
A los 15 minutos del segundo tiempo, gracias a las apiladas de Diego y al enorme talento de Miguel, Boca ya ganaba 2-0 con dos golazos de Brindisi.
El broche de oro para semejante noche llegaría unos minutos después. El 10 recibió un preciso pase de Cacho Córdoba, lateral izquierdo llamativamente instalado sobre la derecha, controló de manera magnífica con el guante que tenía en el pie izquierdo y comenzó otra de sus tantas obras maestras. Quebró la cintura para desparramar en el área con enganche incluido a Fillol, dejó en rídículo a Tarantini y se sumergió en la multitud en medio de tanto festejo. Boca selló su goleada por 3-0 y la gente armó su propia fiesta debajo de la lluvia.
“Me sentí el hombre más feliz del mundo”, declaró Maradona una vez finalizado el partido. Esa noche quedará marcada como el momento en que Boca y Maradona sellaron su amor para siempre.

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